El canto siríaco y su música transmiten el mensaje cristiano de forma sencilla y humilde. Es una búsqueda permanente de sentido y de lo absoluto. El artista deja paso a la obra y el cantante presta su voz a una tradición que le supera. Se descartan proezas técnicas, percibidas en su mayor parte como obstáculos a la transparencia y, por tanto, a la acogida de lo divino.

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