Para Ernest Renan, «la existencia de una nación es un plebiscito cotidiano». Nada es inmutable. Es el pueblo, formado por seres libres, el que es sagrado, no el país, que se supone que está a su servicio. Cuando surgen dudas sobre un territorio, hay que consultar a la población local, no a ideólogos elitistas y grandes teóricos.

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