Es en la pobreza de las ermitas, en los santuarios perdidos de las montañas, al pie de una encina o de un calvario, donde se oye la voz del silencio que se dirige a la fe. Uno se pregunta si es la montaña la que dio origen a la espiritualidad maronita o si ésta buscó al Líbano para venir a florecer allí.