No estamos ante un etnocidio, ya que no hay aculturación de una población permanente, sino ante una sustitución de población, una sustitución que es a la vez étnica y cultural. Por estas razones, el término genocidio blanco* sería más apropiado para esta situación, aunque, en varias ocasiones, el derramamiento de sangre haya resultado necesario para lograr los grandes trastornos demográficos.

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