Visitando el hotel-transatlántico Amrié de Bikfaya, es inevitable revivir momentos de aquellos años salvajes, cautivados por el exotismo, volcados hacia la etnografía, pero también llevados por el baile y la fiesta. Es un mundo de espectáculo, plumas y abanicos, peinados insólitos y el charlestón a ritmo frenético.