Menos de una décima parte del tesoro que constituye la herencia armenio-cilicia pudo sobrevivir y llegar al Líbano entre 1921 y 1930. Se reunió en Antelias, frente al Mediterráneo y los atardeceres que iluminan la piedra ocre del catolicosado. Antelias, del griego Anti-Helios, significa «frente al sol».