El espíritu de abnegación de los habitantes del Monte Líbano no era sólo un alejamiento o una retirada de las riquezas de este mundo, sino sobre todo una liberación de la mente y del corazón. Así, su espiritualidad, vivida en su vida cotidiana, se convirtió en el fundamento de su libertad, que acabaría asociándose al principio mismo del Líbano.