Es la literatura siríaca la que mejor revela la profunda interacción entre los francos y los siríacos. Miguel el Grande escribió, a este respecto, que «los obispos siríacos y sus sacerdotes disfrutaron de descanso y tranquilidad en la época de los Estados Cruzados. Los francos no nos causaron el menor problema, pues consideraban a todos los adoradores de la Cruz en pie de igualdad».