Frente al mito de que el siríaco desapareció en la Edad Media o de que nunca fue más que una lengua litúrgica reservada a unos cuantos monjes solitarios del Líbano, la literatura ha venido a reclamar sus derechos. Los siglos XVII y XVIII, e incluso los siglos XIX y XX, revelan su infinita riqueza de producción literaria siríaca-maronita, que abarca tanto lo profano como lo sagrado.

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